Pistons 94-Cavs 125 (3-4) / Cleveland Cavaliers, a pesar de los pesares

Los Pistons ni comparecen y cierran de forma triste una temporada excelente. Mitchell mostró madurez y Allen y Merrill fueron decisivos. Ahora, Knicks-Cavaliers.

Juanma Rubio
As
El Este de la temporada 2025-26, una Conferencia de perfil muy bajo y mensajes muchas veces contradictorios (qué fuimos pensando, durante el camino, de Celtics, Sixers, Magic…), ha acabado siendo una buena muestra de aquello de que la NBA, como el Señor, escribe recto pero con renglones torcidos. Cuando comenzó el curso, con Tyrese Haliburton y Jayson Tatum metidos en lesiones muy graves y sus equipos (Pacers y Celtics) con la vista puesta en el medio plazo y de pronto no en el corto, Knicks y Cavaliers, los que sí marchaban en formato all in, eran los favoritos de consenso a llegar a esta penúltima ronda, a pelear por las Finales. Los dos con la presión de que se consideraría un fracaso, en principio, no llegar con vida a, como mínimo, estas alturas de la primavera. Y el caso es que después de muchas vueltas, y otra vez muchas contradicciones, aquí están: a partir de mañana, Knicks-Cavaliers por un puesto en las Finales, para ser el nuevo campeón del Este. Las Cavs nunca han dado ese paso sin LeBron James, los Knicks no luchan por el título desde 1999.

Los dos pueden presumir de cicatrices, desde luego: ha sido un trayecto complicado. Tanto que llegan a este cruce como tercero y cuarto del Este, eliminados el segundo (los Celtics) y un líder de la fase regular, Detroit Pistons, que finalmente tenía pies de barro: los Cavaliers ganaron el séptimo partido (94-125) por aplastamiento, la novena vez en la historia que un séptimo se resuelve por más de 30 puntos de diferencia. Pero apenas la tercera en que el vencedor en esos términos es el visitante: los Pistons nunca había perdido un game 7 por más de siete puntos (Finales de 2005, contra los Spurs); los Cavs nunca se habían apuntado uno por tanta diferencia.

En una batalla de atrición, fueron los Pistons los que se quedaron sin fuerzas después de una temporada maravillosa: 60-22 solo dos años después de firmar un esperpéntico 14-68. Trajan Langdon, el ejecutivo que tendrá que descubrir cómo llegar al equipo al siguiente nivel, decidió ser conservador en el mercado invernal, dar una oportunidad de crecer y aprender a golpes (la historia de los playoffs) al núcleo que había devuelto la respetabilidad al baloncesto de la MoTown. Finalmente, los playoffs han hablado: los Pistons evitaron de milagro ser el séptimo cabeza de serie que caía eliminado contra un octavo de su Conferencia. Levantaron un 1-3 en un milagro que requirió una crucial lesión de Franz Wagner, que estaba amargando a Cade Cunningham con su defensa, y un colapso histórico de los Magic en el sexto partido. Ahora, y después de que su 2-0 contra los Cavs se convirtiera en 2-3, volvieron a escapar de un sexto a domicilio pero ahí descubrieron que ya habían gastado sus vidas… y las de todos los gatos de Detroit. No quedaban fuerzas.

Las obvias lagunas de los Pistons

No hay mucho que decir del partido en sí: la historia duró unos siete minutos (13-13), hasta que empezaron a meter triples unos Cavs que habían roto el partido al descanso (47-64), llegaron a ganar por 35 puntos y respondieron con un 0-10 definitivo al único amago de resistencia de los Pistons tras el paso por vestuarios (69-85 a dieciséis minutos del final). Fue un paseo, una paliza celebrada por los ocupantes de los 25 autobuses que Dan Gilbert, el propietario de los Cavs (nacido en Detroit) había fletado con todos los gastos pagados desde la vecina Cleveland (unas tres horas por carretera). El público local se había empezado a marchar al final del tercer cuarto (73-99), cuando los Pistons ya habían recibido básicamente los mismos puntos que estaban concediendo por partido completo (101,8) en estos playoffs.

Lo peor no fue la derrota, el cierre triste pero finalmente inevitable a una temporada excepcional en la que, además, los Pistons han ganado una serie de playoffs por primera vez desde 2008. Que no es poco. No, lo más doloroso fue que en la noche definitiva ni apareció el equipo que había apilado victoria tras victoria durante el camino hasta el cierre con comparecencia fofa, inútil. El ataque fue tan raquítico como se temía para las grandes noches, el obvio talón de Aquiles. Pero es que la defensa tampoco hizo acto de presencia. Ni por físico ni por esfuerzo ni por concentración: nada. Como si todos los depósitos se hubieran vaciado. No había brazos que llegaran a molestar los triples liberados de los Cavs y no hubo intensidad y músculo que inclinaran la batalla de las posesiones: los Pistons cedieron el rebote (41-50) y sumaron más pérdidas (15-13). En esa cuenta (85 tiros los dos equipos) era imposible sobrevivir con un 35% en tiros de campo, un 31% en triples y solo 21 asistencias. Y contra un rival mucho más fino.

A los Pistons, es obvio, les falta potencia en ataque. Desde luego una segunda estrella que libere un poquito a un Cade Cunningham que acabó tronchado: 13 puntos, 5/16 en tiros, 5 asistencias por 3 pérdidas y solo un punto en toda la segunda parte. Al base no le quedaban milagros en la chistera después de promediar en 14 partidos de playoffs más de 41 minutos con toda la responsabilidad del juego a su cargo. Falta como mínimo otro generador, uno mejor que el meritorio Daniss Jenkins, que merece un rol… pero menor.

Y falta tiro exterior, una sospecha desde que se fueron en verano Malik Beasley y Tim Hardaway Jr. En los momentos decisivos, Ronald Holland, Caris LeVert, Javonte Green y Kevin Huerter (el fallido fichaje invernal) no han tenido ningún peso. Y a medida que pasaron los playoffs se agotaron los partidos en talla XL de Tobias Harris (es parte de su historia como jugador) y quedó claro que es muy difícil atacar en 2026 cuando dos de los tres jugadores más importantes del engranaje son incapaces de anotar lejos del aro: Ausar Thompson es una turbina defensiva que (como su gemelo Amen en los Rockets) lleva asterisco porque permite a los rivales olvidarse de él en el otro lado de la pista. Un problema muy difícil de contarrestar si hay un pívot incapaz en los momentos decisivos, como le pasa a Jalen Duren, de exprimir su juego de ataque más allá de las continuaciones de las jugadas de pick and roll con Cunningham.

Los Pistons tendrán que tomar decisiones. Es el punto en el que muchos naufragan, pero el que eleva a los equipos grandes de verdad (el ejemplo más obvio ahora mismo: los Thunder tras su eliminación en 2024). Harris acaba contrato y Duren será agente libre restringido con un techo de cinco años y 240 millones que los Pistons le habrían dado sin pensárselo en febrero, cuando se estrenó como all star, pero que asoma como un quebradero de cabeza ahora. Es un jugador fundamental, y dejar que se marche sin recibir nada a cambio asoma como un riesgo grosero; pero probablemente no merezca el 30% del salary cap a la vista de las enormes limitaciones que han aireado tanto Magic como Cavaliers: ha anotado en playoffs 9,3 puntos menos de media que en regular season. La mayor caída de un all star desde Elgin Baylor en 1969, la segunda mayor en total desde Wilt Chamberlain en 1962.

Unos Cavaliers mucho más duros

Los Cavaliers, como mínimo, se han sacudido el estigma de equipo blando y han roto el techo de cristal en el que se estaba convirtiendo, para ellos, esta segunda ronda. Después de sortear una serie más dura de la cuenta (por sus pecados) contra los Raptors, han remontado con mucho mérito un 2-0 a los Pistons, que no habían perdido en toda la temporada dos partidos seguidos en su pista hasta ahora, hasta los duelos quinto y séptimo de esta serie. Después de pifiarla en el sexto, en Cleveland y con match ball, tuvieron coraza para afrontar el séptimo sin dudas. Y parecieron mucho mejores que los Pistons. Seguramente, porque lo son si se mira, de arriba abajo, el talento de su roster. El más caro de la NBA (el de los Pistons es el vigésimo tercero…) esta temporada, y el más caro de la historia antes de sus movimientos invernales, con los que se ahorraron más de 100 millones de dólares. Pagarán, en todo caso, 281 entre salarios y multas por una plantilla que, al menos, está respondiendo en los momentos cruciales. Este año . Y que ahora, con catorce partidos de eliminatorias ya en las piernas, afronta desde mañana un reto tremendo, en Nueva York.

Donovan Mitchell, que no estaba brillando precisamente en los playoffs, jugó con mucha madurez en un día en el que muchos dedos estaban preparados para señalarle. No han sido unos playoffs fáciles, ni brillantes, para él, pero este partido definitivo lo jugó con pausa y criterio, sin obsesiones tóxicas y concentrado en leer la defensa de los Pistons, ya con obvias grietas, y encontrar con nitidez a sus compañeros: 26 puntos y 8 asistencias sin pérdidas, una actuación quirúrgica. James Harden (9 puntos, solo dos canastas en juego) pasó desapercibido pero supo jugar sin balón, no estorbar. Evan Mobley (21 puntos, 12 rebotes, 6 asistencias) volvió a parecer en un rango muy superior al de Duren y tanto Jarrett Allen (23 puntos, 7 rebotes) como Sam Merrill (23 y 5 triples) sacaron el martillo y dejaron el partido casi sentenciado antes del descanso. El primero volvió, como contra los Raptors, a ser determinante en las calderas del séptimo. El segundo apareció, con el fúsil, justo a tiempo.

Partidos como este explican por qué resultaba tan difícil descartar a los Cavs durante la temporada, a pesar de lo decepcionante que fue su primera parte del curso y de lo arriesgado (si se quiere) que se pudo considerar el traspaso de Darius Garland para hacerse con James Harden. El talento está ahí: la profundidad, los recursos, las estrellas salientes (Harden), vigentes (Mitchell, todavía…) o teóricamente entrantes (Mobley). Hay tiradores, defensores, variantes para jugar grande o pequeñole faltaban a este proyecto las pinturas de guerra que ahora, a la fuerza, han brotado. A base de no querer perder sin pelear hasta el final, los Cavs han aprendido a ganar. Y están, después de tantos trompicones y algunos cambios radicales, donde se les esperaba a comienzos de temporada. Los Knicks, también. En su mejor versión y mucho más descansados. Pero los Cavs, como mínimo, se han ganado el derecho a que, otra vez, no los descartemos antes de tiempo…